Es la decisión que más se pelea al momento de cotizar, y hay bastante desinformación dando vueltas. Vamos por partes.
Cámaras cableadas: qué ganas y qué pierdes
Ganas estabilidad. La señal viaja por cable y no le importa cuántas redes WiFi haya alrededor, ni si el router se reinició, ni si el vecino cambió de canal. Para un sistema que tiene que funcionar todos los días durante años, esto es lo que manda.
Ganas alimentación. La misma instalación lleva corriente a la cámara. No necesitas un enchufe cerca de cada punto, que en exteriores es un problema real.
Pierdes tiempo y flexibilidad. Hay que pasar el cable: canaletas, perforaciones, más horas de trabajo. Y una vez instalada, mover la cámara a otro punto no es trivial.
Cámaras WiFi: qué ganas y qué pierdes
Ganas rapidez. Se instalan en poco rato, sin obra. Ideal si arriendas, si quieres probar antes de comprometerte, o si necesitas cubrir un punto puntual.
Pierdes estabilidad, y esto es lo que hay que entender bien. Una cámara WiFi con señal justa anda perfecto el día de la instalación y empieza a cortarse semanas después, cuando cambió algo en el entorno. Es la queja número uno que recibimos de gente que compró cámaras por internet.
Sigues necesitando corriente. "Inalámbrica" se refiere a los datos, no a la energía. Salvo los modelos a batería, que tienen sus propios problemas: hay que cargarlos, y en invierno duran bastante menos de lo que dice la caja.
El punto que casi nadie mide: la señal donde va la cámara
La gente prueba el WiFi con el celular parada en la puerta de la casa, ve cuatro rayitas y asume que ahí llega. Pero la cámara no va en la puerta: va en la esquina del patio, detrás de un muro de albañilería, a quince metros del router. Y ahí puede que apenas llegue.
Nosotros medimos en el punto exacto donde quedaría montada la cámara, antes de instalar. Si no da, lo decimos y proponemos otra cosa, en vez de vender algo que va a fallar.
El caso especial: casas muy juntas
En villas densas como las de Peñaflor o Padre Hurtado hay un problema adicional: la banda de 2.4 GHz está saturada de redes vecinas peleando por los mismos canales. Una cámara barata que solo funciona en 2.4 GHz puede empezar a fallar sin que hayas cambiado nada en tu casa, simplemente porque el vecino instaló un router nuevo.
Ahí el cableado deja de ser una preferencia y pasa a ser la respuesta correcta.
El caso especial: terrenos grandes
Si tu portón está a ochenta o doscientos metros de la casa, ninguna cámara WiFi va a funcionar, por buena que sea. No es problema de la cámara: el WiFi doméstico no está hecho para cruzar esa distancia, menos con árboles en medio.
Las opciones reales ahí son cableado directo, un punto de acceso intermedio o un radioenlace punto a punto. Lo explicamos en detalle en la guía de cámaras para parcelas.
La regla práctica
- Sistema principal de la casa, que va a quedar años → cableado.
- Sumar un punto a un sistema existente → WiFi.
- Arriendas y te vas a mover → WiFi.
- El punto está lejos del router → cableado o radioenlace.
- Casas muy juntas, banda saturada → cableado.
- Necesitas seguimiento de movimiento en espacio abierto → cámara con auto tracking (hay versiones cableadas también).
Lo más común en la práctica es un sistema mixto: cableado para el núcleo, WiFi para el punto que quedó fuera. No hay nada de malo en eso, siempre que la parte WiFi esté donde la señal de verdad llega.
Escrito por el equipo de RC Technology, instaladores de sistemas de seguridad en Talagante y la Región Metropolitana. ¿Dudas sobre tu caso puntual? Escríbenos por WhatsApp y te respondemos derecho.